
IV Domingo de Adviento
La venida del Señor está ya muy cerca. En 3 días estaremos celebrando la gran luz que ha brillado sobre la tierra con el Nacimiento del Hijo de Dios e hijo de María; El que es verdadero Dios y verdadero hombre
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La venida del Señor está ya muy cerca. En 3 días estaremos celebrando la gran luz que ha brillado sobre la tierra con el Nacimiento del Hijo de Dios e hijo de María; El que es verdadero Dios y verdadero hombre

El tiempo de Adviento tiene un cambio importante a partir de la octava anterior a la Navidad, desde el 17 al 24 de diciembre, pues tanto en la Liturgia de las Horas como en la Eucaristía se celebra ya sólo el acontecimiento de la venida en la carne del Hijo de Dios, leyéndose los llamados “evangelios de la infancia de Jesús”.

¿Eres Tú el que tenía que venir o tenemos que esperar a otro?” También nosotros podemos preguntar a Jesús: ¿Eres Tú el que todos esperamos? ¿Eres Tú el que puedes dar respuesta a tantos interrogantes como llevamos en nuestro corazón? ¿Eres Tú el que puedes calmar nuestra inquietud más profunda?

El Evangelio comienza diciendo: “El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea…” En realidad, la aparición del ángel es una posibilidad con la que cuenta todo ser humano y el ángel de Dios nos es enviado siempre en esos momentos de silencio interior. La aparición del ángel es una experiencia interior…

a palabra Adviento viene del latín adventus, que significa venida y se puede traducir también por “presencia”, “llegada”. En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia.

“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. (Lc. 23, 35-43) Con estas palabras de uno de los malhechores crucificados con Jesús, nos dirigimos al Señor Rey del Universo. Este malhechor, representa a todos los malhechores del mundo, es decir, también a nosotros, ya que todos pertenecemos a esta humanidad donde hay ambición, agresividad y violencia. Sólo este marginado descubre el misterio de Jesús y decide confiarse a él pidiéndole entrar a formar parte de su Reino. Contemplemos hoy a Jesús en la cruz agonizando.

La destrucción del templo y de Jerusalén representa el derrumbamiento de una forma de entender la religión y la vida. También representan nuestras falsas seguridades en las que nos apoyamos y en las que perdemos de vista que nuestra “roca es el Señor”.

Estas palabras de Jesús a Zaqueo son también para nosotros:” Hoy tengo que alojarme en tu casa”. Este “hoy” en el Evangelio tiene un sentido especial. Es el “hoy” de Dios, es la oportunidad que Dios nos ofrece a cada instante de vivir, crecer y avanzar en nuestra vida. Jesús dice: hoy tengo que alojarme en tu casa. Hoy y no mañana. Todo ocurre en Jericó, la ciudad de las palmeras a 11 Kilómetros del rio Jordán.

La Palabra de Dios ilumina nuestras consciencias; también debe guiar nuestro actuar. Cuando estudiamos las parábolas de Jesús somos desafiados a repensar nuestra manera de ver las cosas. Estas parábolas emiten una luz sobre nosotros y nuestra relación con Dios.

Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencia Amalec”. Este relato bíblico nos presenta a Moisés orando en el monte por su pueblo, mientras Josué se enfrenta en el llano a los amalecitas (Éx 17,8-13).