Alocución a las religiosas de Juan Pablo II, 1980
¿Cómo no recordar, la densa jornada que pasaron los dos Santos hermanos alabando a Dios y en santa conversación como nos cuenta San Gregorio Magno, a la que siguió la famosa vigilia nocturna, obtenida con la oración de Santa Escolástica, por lo que pasaron toda la noche saciándose de suaves coloquios y contándose los dos santos hermanos, el uno al otro, la experiencia de la vida espiritual? (Diálogos, 2, 33; PL 66, 194 196).
En esta altura de vida mística, que es la suma de la perfección, a vosotras sumidas “en los pensamientos contemplativos” (Dante, Paraíso, XXI, 117) os es dado experimentar, gustar y sentir a Dios, por medio de la continua aplicación de las potencias espirituales, aunque en la oscuridad de la fe; y vosotras sabéis, por experiencia, que cuanto más íntima es la conversación con el Padre celestial, TANTO MÁS SE EXPERIMENTA QUE NUNCA ES SUFICIENTE EL TIEMPO PARA ESTE ALTÍSIMO ACTO DE CARIDAD.