
Domingo XXIV del Tiempo Ordinario
Esa imagen de un Dios misericordioso y compasivo se refleja en las tres parábolas evangélicas de las pérdidas y los hallazgos. Las dos primeras evocan la pérdida de una oveja, reencontrada por el pastor y la pérdida de una moneda buscada por su dueña (Lc 15,1-10).