
Domingo XXII del Tiempo Ordinario
La Palabra de Dios es un antídoto a nuestras enfermedades espirituales. Dos lecturas de esta Misa hablan de la humildad. Nuestra sociedad no aprecia, mucho menos cultiva, la humildad. Vivimos en un ambiente de mucha apariencia, mucha competencia, mucho individualismo, poca transparencia.