
Domingo XX del Tiempo Ordinario
¿Cómo Jesús podría desear con impaciencia ser sumergido en la muerte tan cruel que le esperaba? ¿Cuál fue su secreto? ¿Y Jeremías? ¿Cómo podría seguir profetizando, con toda claridad, la destrucción de la ciudad santa delante de la férrea oposición de casi todos?